Soy un gato, de Natsume Sōseki

Un día, buscando libros con temática gatuna en una librería virtual, encontré una hermosura: Soy un gato, de Natsume Soseki. Sin embargo, estuvo por un buen rato en la lista de deseos, hasta que me animé y compré su versión digital. Pero, una vez que comencé a leerlo, me costó tomarle el hilo. Si bien iniciaba con anécdotas del protagonista gatuno, al poco rato, se ponía a describir un sin número de conversaciones carentes de sentido para mí, que me hacían dejar el libro de lado. Es así como, luego de leer las primeras treinta páginas, estuvo cerrado durante más de año y medio. Solo este año decidí retomarlo para compartirlo en este espacio.


El libro comienza con una gata y su camada, los cuales, cuando están escondidos para protegerse de la lluvia en un frío día en Tokio, son víctimas de un chico cruel que, al verlos, decide jugar con cada gatito lanzándolos por los aires. Esta desgarradora escena es narrada por uno de los mininos, quien se transforma en el narrador y protagonista de la historia. Claramente, desde este evento, la opinión de nuestro protagonista hacia los seres humanos es de lo peor.


Luego de pasar horas inconsciente, el gato despierta hambriento y desorientado y con un solo propósito: sobrevivir. Es así como por instinto llega a la casa del maestro y se mete a su cocina buscando comida y un poco de calor, siendo descubierto, al poco rato, por la criada, quien vuelve a lanzarlo por los aires tirándolo al patio. Pero, nuestro amigo gatuno insiste y vuelve. Y la criada vuelve a lanzarlo, pero él regresa otra vez. Está decidido a vivir. Luego de un par de “lanzamientos por el aire”, el maestro permite que entre al hogar, “si tanto insiste en no irse, que se quede”. No obstante, el maestro no solía prestarle mucha atención, tanto así que ni siquiera llegó a ponerle nombre. De esta manera, el felino sin nombre llegó a formar parte de la familia Kushami, una típica familia de clase media de Tokio de inicios del siglo XX, conformada por el maestro, su señora y sus tres hijas.


Hay secciones del libro en que el protagonista describe su vida de gato y vamos entendiendo desde su mirada la cotidianidad de nuestros amados compañeros de cuatro patas. Aprendemos a conocer sus miedos, sus desafíos y que parte de su rutina diaria como la de subir y bajar árboles, cazar insectos y caminar por superficies muy angostasconstituye a una serie de ejercicios que debe realizar un felino para cuidarse. El gato nos hace saber que entiende nuestro idioma, que son capaces de leernos el pensamiento, que se ríen muchas veces de nosotros por encontrarnos básicos y que, de verdad, se consideran superiores a los seres humanos. También nos dice que les molesta mucho que consideremos que son todos iguales, cuando cada uno de ellos tienen personalidades que los hacen seres únicos y que no logran entender el afán egoísta del ser humano de quitarle las presas cuando cazan o roban algo. Conocemos, sobre todo al inicio del libro, cómo se relacionan entre ellos, porque el protagonista llegó a tener algunos amigos en el barrio, pero al poco andar adoptó el carácter ermitaño del maestro, por lo que dejó de relacionarse con sus pares.


En otras partes de la novela el gato simplemente se limita a hacer algunas acotaciones al margen, mientras es testigo de la vida cotidiana del maestro y su familia y en especial cuando ciertos personajes van a visitarlo. En esos párrafos, él es un espectador de los diálogos de estos personajes disparatados, siendo ellos, quienes con sus historias sin sentido, llenan las páginas. Ya avanzado el libro pude tomarle el gusto a esta parte de la narración porque en un principio me fue muy difícil entender qué aportaban estos diálogos a la historia. Por ejemplo, el maestro tiene una relación de amistad con Meitei y Kangetsu, un viejo amigo de la vida y un ex-alumno, respectivamente, quienes de forma habitual van a visitarlo a su casa. Son personajes a los que me costó acostumbrarme porque en general dedican páginas y páginas a hablar cosas absurdas. El primero de ellos se considera un especialista en estética quien cuenta historias inventadas solo para “demostrar” su inteligencia y engañar a sus amigos; por lo demás, es ingeniero y estudiante en doctorado en ciencias, cuyos temas de investigación son la física del ahorcamiento y la trayectoria de la caída de una avellana. Además de estas visitas, de vez en cuando se les unían otros personajes: uno que se sentía iluminado y otro aspirante a actor. ¡Podrán imaginarse el tipo conversaciones que nacían de ellos! Cuando ya me acostumbré a sus disparates, terminó siendo muy gracioso leer la dinámica de este conjunto tan peculiar. El autor busca hacer una crítica al mundo seudo intelectual de la sociedad japonesa de la época, presentes en toda sociedad, por cierto, que por el solo hecho de hablar bien se sienten superiores, aunque solo digan tonterías y nadie logre entenderles sus rebuscadas descripciones, llenas de referencias a personajes famosos, obras importantes, etc.


Hay otras secciones del libro muy interesantes donde el gato sin nombre se dedica a hacer un análisis de la sociedad japonesa, del mundo y de la raza humana en particular. Tiene una visión bastante especial de los humanos y en varias oportunidades era imposible no reírme de su forma sarcástica para referirse a nosotros, a quienes claramente veía como inferiores, poco prácticos por andar en dos patas, preocupados de idioteces como la ropa o por la incapacidad de no saber disfrutar del ocio y dormir horas eternas. Aunque es muy cruel al referirse a nosotros, lo cierto es que es muy gracioso. Además, es lógico que nos considere así de despreciables después de su experiencia traumática cuando tan solo era un gatito.


Mención aparte hay que hacer cuando el felino se refiere al maestro. Es muy divertida la manera en que él decide desnudarlo frente a nosotros, enseñándonos todas sus pequeñeces, complejos, cobardías, justificando su actuar un poco despiadado. Es por ello que cuando un día el nuestro protagonista gatuno le lee el pensamiento y se da cuenta que el maestro fantaseaba con hacer un tapete con su piel, el gato decidió vengarse contándonos todas las intimidades del hombre que lo había recibido. Es que el maestro sí que es todo un personaje. Maestro de lengua inglesa en un colegio de la ciudad y con una elevada opinión de sí mismo, se consideraba una verdadera eminencia, un gran estudioso japonés y hombre de gran carácter. Por el contrario, sus colegas y amigos tenían una opinión distinta: era un gruñón, excéntrico y un poco mediocre. El maestro sufría de dispepsia, una indigestión crónica, y eso justificaba todo su mal humor, según él.

Este gato sin nombre hace varias reflexiones sobre la sociedad japonesa. Critica el afán de Japón de mirar a otras culturas y dejarse influenciar por ellas, especialmente por EEUU y comenta que “quien se valora a sí mismo, no anda buscando referentes en el exterior”. También hace comentarios bien agudos a la clase comerciante japonesa y critica fuertemente esa necesidad de individualismo de la que se ha contagiado Japón, lo cual desde su mirada, ha hecho que la que familia japonesa se haya comenzado a separar; debido al afán de querer ser diferentes, no respetamos la jerarquía y buscamos separarnos de nuestros padres y que, a la larga, hará que desaparezcamos como humanidad.


Vemos a través de las páginas lo machista de la cultura japonesa de esa época. Las mujeres estaban relegadas a un papel bastante menor como la de cuidar la casa y los hijos y sin derecho a ejercer su opinión. El maestro usualmente trataba a su señora como que fuese una tonta, le hacía burla por ser baja, por su color de piel, porque tenía algunos pelones en su cuero cabelludo, etc. Si bien la novela deja en manifiesto que las mujeres tenían un lugar muy mejorado respecto a su situación pasada, hoy a más de 110 años de la época en que está ambientada la novela, no deja de ser un poco chocante.

Ya hacia el final del libro, se produce una interesante reflexión sobre cómo el tema de la individualidad ha ido destruyendo lo que se consideraba la institución del matrimonio: la mujer, ahora como un individuo separada de su marido, provoca que el hombre pierda el poder que por siglos ha tenido sobre ella, lo cual produce una tensión. Además, si la mujer decidiese tener una actitud más sumisa en relación con el marido, sería fuertemente condenada por su mismo género, lo que llevaría a que llegara un punto en que no sería aconsejable la unión del matrimonio.


Similar interacción ocurre en las artes porque, para que exista, debe haber una relación entre el artista y el público. Y si como seres humanos nos transformamos en seres cada vez más y más individualistas, llegará un momento en que nos será imposible apreciar el trabajo de otro, por mas bueno sea este. Y así, sin unión y sin arte, como humanidad estaríamos condenados a desaparecer. Un poco apocalíptico, pero no pude dejar de pensar en que mas de cien años después de escrito el libro, el tema del individualismo sigue presente en nuestra sociedad y es en lo que como sociedad fallamos.


La novela Soy un gato tiene 11 capítulos, en los que el gatuno protagonista se dedica a mostrarnos desde su punto de vista crítico y sarcástico la opinión que tiene de nuestra raza, pero especialmente de su amo y su ramillete de amigos, en un lenguaje muy simpático y que me sacó más de alguna carcajada (y son pocos los libros que leo que me hacen reír).

Para los amantes de la cultura japonesa creo que es muy interesante de leer ya que describe entre sus páginas muchas de sus costumbres. Es más, al final de cada capítulo encontrarás notas del autor que te ayudarán a conocer más acerca de la cultura y tradiciones niponas.


Si bien al inicio me costó conectar con la historia, cuando lo hice, disfruté mucho de la lectura. El libro ofrece espacios de reflexión acerca de nuestro comportamiento como humanidad, con especial énfasis por la manera en que el gato se refiere a nosotros.


Mientras termino de escribir, Julieta y Blue (mis gatas) descansan a mi lado. Me pregunto cuál será su opinión sobre mi… ¡qué miedo!


 

Ficha técnica:

Título: Soy un gato

Autor: Natsume Sōseki

N° de páginas: 656

Editorial: Impedimenta


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