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Desestabilizando el status quo: el controversial mundo de Kanehara Hitomi

La ceremonia de premiación del Premio Akutagawa en 2003 resultó ser una ocasión especial. Más allá de la importancia y prestigio de un premio que ha reconocido figuras trascendentales de la literatura japonesa como Oé Kenzaburo , en esta ocasión, había dos razones por las que la prensa se había vuelto completamente loca: había dos ganadores y ambos eran nada más ni nada menos que mujeres jóvenes de menos de 21 años. Una de ellas era Wataya Risa, una estudiante de 19 años de la Universidad de Waseda que había llamado la atención por su obra Keritai Senaka (Quiero patearte en la espalda), la cual exploraba la relación entre una estudiante solitaria y su compañero de clase obsesionado con una idol. La otra ganadora era apenas un año mayor, pero su apariencia y obra eran diametralmente opuestas. Mientras Wataya se presentaba con toda la madurez y recato de una señorita, parecía que Kanehara había salido directo de las calles de Shibuya. Su obra, por otro lado, era mucho más controversial que la de su compañera. Titulada como Hebi ni Piasu (Serpientes y piercings), la historia trata sobre Lui, una joven inmersa en un perturbador triángulo amoroso y en el mundo de la modificación corporal.

Eguni Kaori, Kyogoku Natsuhiko, Wataya Risa y Hitomi Kanehara en la ceremonia del Premio Akutagawa y Naoki

La prensa se dio un festín ese día. Todo sobre Kanehara era escandaloso y su capacidad literaria se ponía en duda por razones principalmente sexistas. ¿Cómo era posible que esta gyaru pudiera escribir algo de valor? ¿Toda su fama se debe a las conexiones de su padre, Kanehara Mizuhito, un reconocido académico y traductor? En algún momento, parecía haber un consenso entre los críticos que el contenido hedonista que Kanehara escribía era solo un intento para distraer de su falta de talento. Sin embargo, también parecía que nadie recordaba que docenas de autores masculinos habían escrito contenido igual de reprensible y nadie había puesto en duda sus capacidades. Afortunadamente, no todos pensaban igual. Mientras miembros del jurado como el autor y futuro político Ishihara Shintaro daba una crítica negativa, otros autores igual de controversiales, pero mucho más consagrados como Yamada Amy y Murakami Ryu notaron el potencial de Kanehara. De hecho, Murakami en un momento alabó el genio de la autora, mencionando su capacidad de traer a la luz los problemas que la juventud japonesa suele enfrentar. Dijo además que este tipo de historias necesitaban ser leídas por las generaciones más adultas para no caer en la ignorancia. A pesar de los reparos, Kanehara hizo frente a los comentarios y demostró que su éxito no había sido un golpe de suerte. El tiempo demostró que sus lentes de contacto, cabello teñido, piercings y mini faldas jamás serían un impedimento para transformarse en una de las escritoras más reconocidas de su generación.

Karaoke y pachinko: los inicios de Kanehara Hitomi

Kanehara Hitomi nació en Tokio el 8 de agosto de 1983. Demostró inclinaciones literarias desde muy temprana edad, pero muy poco interés hacia los estudios. Aun siendo una estudiante de primaria, solía escaparse para pasar el rato con sus amigos. Esta situación resultaba en extremo frustrante para su madre, Chieko, quien solía acompañarla camino a la escuela para asegurarse de que asistiera a clases. Su padre, Mizuhito, un académico de la Universidad de Hosei y traductor de cuentos infantiles, estaba igualmente preocupado, sobre todo cuando la muchacha declaró que quería abandonar los estudios con solo 11 años. No obstante, al contrario de Chieko, Mizuhito sabía que no había manera de encauzar a Hitomi por medios convencionales. Aprovechando que tenía que pasar un año en San Francisco, decidió llevar a Hitomi con él. Allí completó un poco más sus estudios y se vio expuesta a los trabajos de Yamada Amy y Murakami Ryu, quienes servirían como inspiración directa a su obra. Murakami representaba para ella ese rupturismo violento a la sociedad, mientras que Yamada era una ventana a la sexualidad femenina y la sublevación hacia los roles de género.


Al volver a Japón, Hitomi siguió empecinada en dejar la escuela, por lo que se la pasaba en bares de karaoke y establecimientos de pachinko con amigos y novios. Su salud mental empeoró también. Comenzó a autolesionarse y se le diagnosticó anorexia. En este estado tan delicado, igualmente se fue de su casa a los 15 años y, por supuesto, sus padres estaban preocupados. A pesar de las reservas, Mizuhito sabía que oponerse sería contraproducente y guardó distancia hasta que su hija volviera buscando su ayuda. Este enfoque hizo que Hitomi mantuviera una relación cercana con él a pesar de sus desacuerdos, lo que la llevó a asistir a algunos talleres universitarios de literatura. Su trabajo al principio no era bueno y su padre era brutalmente honesto al respecto, pero le gustaba codearse con estudiantes universitarios y compartir su progreso con ellos. Su determinación terminó por rendir frutos y a los 19 años presentó su primer manuscrito de Hebi ni Piasu a Mizuhito. Debió haber sido incómodo leer la novela de su hija, sabiendo que era semi-autobiográfica y tocaba temas como el sadomasoquismo y violencia. Aun así, Mizuhito editó la obra y, viendo su potencial, le dio el visto bueno para su debut. Le aconsejó que la presentara a varios concursos, entre ellos, el Premio Akutagawa. Luego de ser seleccionada como ganadora, Hebi ni Piasu se publicó al año siguiente y vendió más de un millón de copias. En 2007, la obra sería adaptada al cine por Ninagawa Yukio.



Kanehara y el dolor de existir

Lamentablemente, el trabajo de Kanehara Hitomi apenas si ha llegado a nuestro país. En el año 2005, la editorial Emecé publicó la traducción de Hebi ni Piasu con el título Serpientes y piercings (trad. Makiko Tsujimoto) y, hasta donde se sabe, no se ha vuelto a reimprimir. En inglés, el panorama no es muy diferente. Editoriales como Plume publicaron esta obra con el título Snakes and Earrings (trad. David James Karashima) y en 2007, Vintage Books lanzó Autofiction (trad. David James Karashima). Excluyendo estos títulos, los cuales han sido traducidos a otras lenguas como el italiano, alemán y francés, desde entonces, no ha habido mayores novedades editoriales de Kanehara en cualquier idioma que no sea japonés. Hay algunos rumores de una posible traducción al inglés de una de sus obras más recientes Unsocial Distance (2021), pero, aunque fuera así, hay un laguna de casi quince años en cuanto a su catálogo.

Usando como referencia apenas dos libros de un total de casi veinte publicados, ¿es posible criticar con certeza el trabajo y calidad de la autora? La respuesta es un sí, pero con ciertos alcances. Hebi ni Piasu y Autofiction son las únicas dos obras completas de Kanehara que he podido leer pero, afortunadamente, resultan ser una muestra bastante robusta de su estilo y temáticas. Como se mencionó anteriormente, Hebi ni Piasu cuenta la historia de Lui, una joven de 19 años que se interesa en la modificación corporal después de ver la lengua bífida de Ama, su nuevo novio. Cuando esta desea llevar a cabo el mismo procedimiento en su lengua, él la lleva con Shiba, un tatuador que tiene una tienda dedicada a este tipo de trabajos. Con la intención de hacerse también un tatuaje en toda la espalda de un kirin y un dragón, Lui comienza una perturbadora, pero totalmente consensuada relación sadomasoquista con Shiba. Conforme pasa el tiempo, podemos ver que, a pesar del cuidado que pone en su apariencia y su aparente despreocupación, Lui es presa de una profunda y violenta depresión. El proceso gradual de dividir su lengua y elegir como primer tatuaje un diseño tan grande y complicado se puede interpretar como una forma de autoflagelación para salir de su entumecimiento emocional. La relación con el sádico Shiba sirve el mismo propósito, pero también la que mantiene con Ama. Si bien el muchacho se muestra como amable y amoroso a pesar de su apariencia, él carece de ambición y es en extremo volátil, algo que distrae a Lui de enfrentar sus problemas. Shiba está consciente de esto, pero ella no está dispuesta a admitirlo. Sólo cuando Ama desaparece, ella se encuentra cara a cara con su propio dolor. Este proceso es caótico e incluso aún más devastador, pero al final ofrece un ligero y necesario cambio para la protagonista.


De manera similar, Autofiction cuenta la historia de Rin, una joven escritora, quien a sugerencia de su editor, relata en orden cronológico inverso lo que parece ser una ficcionalización de su propia vida. Este libro es curioso porque Rin crea una versión de sí misma, pero a la vez, Rin fácilmente puede ser una versión de Kanehara. Ese misterio de dónde empieza y dónde termina lo personal parece jugar con la morbosidad de la prensa y los críticos empeñados en conocer cuánto de la experiencia personal de la autora se puede desprender de sus páginas. En Autofiction, Rin narra un periodo específico de vida a los 18, 16 y 15 años. En las dos primeras etapas, podemos ver cómo el alcohol, el sexo, la violencia y las relaciones tóxicas sirven a Rin como forma de escape a algo, pero no sabemos con exactitud qué. Solo vemos a una muchacha inmersa en una profunda depresión e inseguridad. Cuando llegamos al último capítulo, sin entrar en detalles, todo se vuelve más claro y podemos ver que la Rin actual que cuenta la historia, aunque igual de inestable, se encuentra en un mejor lugar físico y mental.

Tanto Lui como Rin no son exactamente buenas personas. Al contrario, pueden ser egoístas, irresponsables y hasta manipuladoras. A partir de fragmentos y análisis académicos, se deduce que otras protagonistas del mundo de Kanehara como Aya de Ash Baby (2004) o las madres de Mazazu (2011) son igual de cuestionables. Su desafectación emocional las vuelve indolentes al dolor ajeno, lo cual resulta chocante cuando presencian actos terribles en contra de amigos o víctimas inocentes. Sin embargo, esto sirve no solo para expresar una disrupción a la colectividad y sociedad, sino que también se presenta como como una crítica a la idea de que la mujer es inherentemente maternal o cuidadora. Por otro lado, pone en manifiesto la forma poco sana en la que algunas personas tienden a lidiar con su propio trauma, estrés o estado mental.


Incluso bajo el velo de la barrera idiomática y la escasez de fuentes, se desprende que la esencia de la prosa de Kanehara yace en el dolor de sus protagonistas . Este nunca se muestra como excusa, pero sí se valida y se manifiesta con una brutalidad que escapa de la supuesta delicadeza femenina. Las mujeres de Kanehara no sueltan una silenciosa lágrima mientras miran con añoranza por la ventana. Lui, Rin y todas las demás reaccionan con violencia a su propio conflicto interior y reclaman su derecho de expresarlo, incluso cuando esto pueda significar una completa autodestrucción.


Kanehara Hitomi en la actualidad

Poco después de la controversia generada en el año 2003, Kanehara, en teoría, dejó atrás la vida por la que se había vuelto famosa. Se casó, tuvo dos hijas y se mudó a Francia después del desastre nuclear de Fukushima. La prensa que alguna vez la había juzgado por salir del molde, ahora la consideraba una sombra de lo que era, una suerte de nepo baby que nunca había sido tan rebelde como parecía. A pesar de los comentarios malintencionados, Kanehara parece seguir siendo igual de disruptiva, aun cuando su vida se ha vuelto un tanto más convencional.

De hecho, su cinismo y desacato quizá solo se ha trasladado a otros aspectos de la vida de una mujer adulta. Obras como Mazazu (2011) redefinen la maternidad tradicional y Fishy (2020) explora el tema de la sororidad en la sociedad contemporánea. Desafortunadamente, no hay manera de saber con exactitud de qué manera la obra de Kanehara ha evolucionado con el paso de los años. Sólo queda esperar si alguna editorial nacional se anima a darle una oportunidad a su trabajo. Aunque hay aspectos de Hebi ni Piasu que no han envejecido del todo bien y la imperfección de sus personajes puede resultar problemática, esta autora merece ser conocida por un público más amplio, el mismo que venera las obras de Murakami Ryu que tanto inspiraron a Kanehara en su propia adolescencia.





 

NOTAS


- En el original, se escribe como “Rui” en katakana (ルイ), pero para efectos de traducción y este artículo, se usa la forma Lui.

- Gyaru es una subcultura japonesa popular a finales de la década de los 90 y principios del 2000. Su estética toma varios elementos de la moda occidental y se suele asociar con el consumismo y la codificación.

- Kirin es una criatura de la mitología china, japonesa y coreana con cuerpo de caballo, escamas y cuernos de ciervo.

- Nepo baby es el término usado para describir a una persona que debe su éxito y reconocimiento a la carrera de sus padres.


FUENTES

Publicado 4 de marzo de 2004.


King. Absent Mothers, Constructed Families and Rabbit Babies. Intersections: Gender and Sexuality in Asia and the Pacific. 2017;(40). http://intersections.anu.edu.au/issue40/king2.html#n40.


ASAHI. 個人情報の取り扱いについて. https://dot.asahi.com/wa/2017020300058.html?page=1.


Neustatter A. With a rebel yell. The Guardian. https://www.theguardian.com/books/2005/may/30/japan.fiction.

Publicado febrero 22, 2018.


Miller L, Copeland. Diva Nation: Female Icons from Japanese Cultural History. University of California Press; 2018. https://doi.org/10.1525/california/9780520297722.001.0001.


Kanehara H. Autofiction. Vintage Books; 2007.


Kanehara H. Snakes and Earrings. Plume; 2006.


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