La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

A inicios del año 1992, la agencia de asesoras del hogar “Akebono” le asigna un nuevo trabajo a la protagonista y narradora de la novela: asistir a un anciano profesor de matemáticas con las tareas básicas de su hogar, una labor aparentemente sencilla para una trabajadora que llevaba más de diez años en la agencia realizando tareas similares. El único dato que llamó su atención fue que la ficha del cliente tenía muchas anotaciones, mostrando que había sido necesario cambiar de asesora en nueve oportunidades anteriores. ¿Por qué había tanto recambio de personal? ¿Qué problema que no le había sido informado existía con este cliente?, con estas dudas la protagonista se dirigió a la dirección indicada, en donde una mujer que se presentó como la “cuñada del profesor” le dio la bienvenida y le explicó el quehacer. Le comentó, además, que el profesor vivía solo en una pequeña pieza ubicada en el patio de la casa principal y le dio a conocer un detalle no menor: el profesor sufría de un problema de memoria a causa de un accidente automovilístico ocurrido en 1975. Desde ese entonces, el profesor solo puede recordar lo acontecido con anterioridad a ese fatídico día, en cambio, su memoria de corto plazo solo dura ochenta minutos. Es en tales condiciones que comienza la enternecedora historia escrita por Yoko Ogawa.

Este es el escenario en que se desenvuelve la novela. A través de sus 11 capítulos vamos conociendo cómo se va estrechando la relación entre la asesora y el anciano profesor de matemáticas y cómo esta relación se va desarrollando principalmente a través de los números. El profesor había dedicado gran parte de su vida a la enseñanza universitaria y al estudio de las relaciones entre los números y ahora, después de su accidente, son estos los que le permiten poder relacionarse con otros. De alguna manera, los números pasaron de ser un elemento asociado a las ciencias exactas a un elemento social, por así decirlo.


Aparte de la relación que se va creciendo entre la asesora y el profesor, va naciendo una relación aún más pura y bella: la del anciano y el hijo de la asesora, Root, como cariñosamente lo llama el profesor. Root es un chico de 10 años, que día tras día, después de sus clases en el colegio, se dirige a la pieza habitada por el profesor, estudian juntos matemáticas y disfrutan escuchar partidos de béisbol en la radio para posteriormente conversar acerca de las estadísticas del equipo favorito de ambos.



De esta manera, somos testigos de cómo estos personajes que llevaban una vida bastante solitaria antes de conocerse, van trenzando una relación que termina extendiéndose más allá de la duración del vínculo laborar. Y digo solitaria, porque el profesor tenía casi nulo vínculo con el exterior salvo el que pudiese mantener con la cuñada con la cual vivía. Por otra parte, la asesora, era una joven madre soltera, que trabajaba en esta agencia desde su adolescencia, poco después del nacimiento de su hijo. El trabajo que solía realizar, por lo que se deja entrever, siempre implicaba un esfuerzo físico. Y tal como ocurre en muchas situaciones en aquel rubro, sus empleadores la trataban con indiferencia, por lo que se acostumbró a realizar las labores de aseo de manera invisible. Y por su parte, Root, su hijo, desde pequeño debió a acostumbrarse a las largas ausencias de su madre. Asistía a la escuela día a día, volviendo a casa para hacer sus tareas solo y pasando el resto de la tarde en un parque con sus amigos, mientras esperaba el regreso de su madre.


Una de las cosas sobre las cuales me hizo reflexionar la novela es con respecto a la creación y al cultivo de los vínculos que tenemos en nuestra vida. Porque, ¿qué significa exactamente para la asesora lograr crear un lazo con el profesor, una persona cuya memoria dura solo ochenta minutos? En la práctica implicaba que cada una hora y veinte minutos la vida del profesor se reseteaba por completo y tanto ella como su hijo pasaban a ser unos completos desconocidos.


Aunque el profesor tenía ciertos ayuda memoria y solía escribir pequeñas notas en papel que afirmaba a su traje usando clips, estos solo le permitían recordar que ellos eran personas que lo conocían y que estaba todo bien si los veía en su casa. Pero ningún ayuda memoria permitía guardar el contenido del vínculo existente entre ellos porque claramente lo que me hace tener un vínculo con alguien no es saber su nombre o recordar que es un conocido al cual no debo temer, sino el hecho de que, a través de distintas experiencias, hemos ido construyendo una vida compartida.


Y si bien muchas de las páginas de la novela están dedicadas a explicaciones matemáticas relacionadas a los números primos, los números amigos, los números piramidales, entre otros conceptos, todas ellas son realizadas de una manera amena y simplificada, que hace sentir un disfrute asociado a esta disciplina. Además, personalmente considero muy bello el hecho de que algo que usualmente asociamos a lo exacto como son las matemáticas, sea el vehículo para el nacimiento de una relación tan bella y natural como la que fue naciendo entre los tres personajes.


La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa es una novela que narra a través de números y ecuaciones la relación estrecha que se crea entre una asesora del hogar, su hijo y un anciano profesor de matemáticas, permitiéndonos ver cómo las vidas de estos tres personajes van siendo influenciadas por la presencia del otro y cómo va generándose un lazo entre ellos tan grande, a pesar de la dificultad que implica la enfermedad del profesor.


Imposible no pensar en las personas con Alzheimer o con alguna enfermedad que les impida reconocer o lograr vincularse con el mundo exterior y con aquellos que aman. Pero al igual como se muestra en esta narración, a pesar de todos los impedimentos que pudiesen existir, los vínculos que formamos a lo largo de nuestra vida se van gestando a partir del amor y creo que eso es de las únicas cosas en la vida que es capaz de trascenderlo todo.


 

Ficha técnica (versión leída):

Título en inglés: The Housekeeper and

the Professor (“La fórmula preferida del profesor” en la versión en español)

Título original: Hakase no aishita sūshiki

Autora: Yoko Ogawa

Número de páginas: 180

Editorial: Picador

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