El cielo es azul, la tierra blanca


Hiromi Kawakami (川上弘美) es una de las escritoras japonesas más populares en la actualidad. De seguro la verás entre sus contemporáneos Murakami y Banana Yoshimoto en cualquier librería que visites y, sin dudas, la portada de El cielo es azul, la tierra blanca de la edición de Alfaguara te cautivará. Sin embargo, juzgar un libro por su portada es siempre una apuesta arriesgada.


Kawakami, quien ganó el prestigioso galardón literario Akutagawa en 1996, recibió el premio Tanizaki por esta novela en el año 2001, la cual narra una historia de amor que se desmarca de los cánones culturales japoneses, y por qué no decirlo, también de los occidentales.


Tsukiko Omachi es una mujer que está cerca de los 40 años, soltera y con un trabajo nada relevante. Matsumoto es un profesor jubilado de unos 70 años, viudo y con una curiosa colección de pilas gastadas. Lo único que parece unir a estos dos seres excesivamente solitarios es la afición por el alcohol y la buena comida. Es así que entre diversos platillos de tofu y excesos de sake y cerveza esta relación comienza a tomar forma. Pero no esperen encontrar un amor avasallador o una pasión desbordante. Pese al morbo que puede provocar una relación amorosa entre un anciano con una mujer 30 años más joven, acá nos encontramos ante todo con una amistad sincera, desprovista de cualquier prejuicio, pese a la importante brecha generacional. Kawakami con una prosa limpia, pero delicada, nos regala una historia que se lee a pausa, tal como se debe disfrutar un trago de sake caliente. Es entre silencios y entendimientos tácitos que nace este amor inusual:


Como no tenía nada mejor que hacer, me senté al lado del maestro y me puse a escribir. ¿Cómo habíamos llegado a aquella situación? Ya eran más de las dos de la madrugada. Y ahí estaba yo, sin saber cómo, contando sílabas con los dedos y escribiendo poemas mediocres como: “al atardecer / una polilla en la luz. / Parece triste”. [1]


La historia de amor entre Tsukiko y su maestro puede ser tan efímera como un haiku, pero eterna como la belleza de la caligrafía de la era Heian. Kawakami logra ese efecto con apenas 200 páginas.


Con el boom de la cultura pop japonesa alrededor del mundo, mucho se ha debatido sobre qué tan occidentalizada está actualmente la literatura nipona. La literatura pop, como es denominada y cuyo principal rostro es Haruki Murakami, es comúnmente blanco de todo tipo de críticas. Descubrir la verdadera esencia de Japón a través de las páginas de un libro parece perturbar a más de un intelectual. No obstante, tan imposible como definir Japón solo por conocer Tokio o por ser fanático de series de animé, así de peligroso es también catalogar la literatura japonesa contemporánea como extremadamente occidentalizada. Y aunque las obras de Murakami, Banana Yoshimoto o la propia Kawakami tienen, en mayor o menor grado una evidente influencia occidental, en las raíces de sus historias podemos palpar rasgos distintivos de la cultura japonesa “tradicional” que van más allá del sake, los cerezos en flor o las atractivas, pero siempre misteriosas geishas.


No lo sé con seguridad, pero probablemente dentro de las posibles razones por las cuales Kawakami ganara el premio Tanizaki haya sido el indirecto elogio al ocaso de nuestras vidas. Un elogio de la sombra. La sombra, personificada esta vez por el maestro, representa esa etapa de claroscuros, penumbras, soledad y nostalgia. Pero también de sabiduría y belleza; elementos aún inalcanzables para Tsukiko que todavía está a plena luz. Alguien que ni siquiera se encuentra suficientemente “adulta”.


Siempre hacía lo que tocaba según la edad que tenía. Su vida transcurría de forma equilibrada, y su cuerpo y su mente se desarrollaban proporcionalmente a la edad. Yo, sin embargo, todavía no me podía considerar una “adulta” hecha y derecha. [2]

Y quizá por esta última reflexión es que me molesta el cambio del título que sufrió esta obra al ser traducida al español. El título original es El maletín del profesor. El maletín es un elemento inseparable del personaje y que marca el final de la historia. Como también me molesta la elección de la fotografía de la portada. La chica de rostro adolescente bien poco tiene que ver con la historia de Tsukiko y el maestro. Pero claro, vender Japón con la típica belleza oriental siempre ha dado buenos resultados en cuanto a marketing.

Para los amantes del manga quizá les interese saber que esta historia cuenta con su respectiva historieta gracias al maestro Jiro Taniguchi (谷口ジロー). Además, la historia de Kawakami tiene una adaptación cinematográfica que fue transmitida por la estación de TV japonesa WOWOW en el año 2003.





Datos del libro: Título original: センセイの鞄 Autor: 川上弘美 Páginas: 211 Dónde encontrarlo: Principales librerías del país, Biblioteca Santiago Severin (Valparaíso), Biblioteca Regional de Santiago, Biblioteca Nacional

Referencias: [1] y [2] Kawakami, Hiromi. El cielo es azul, la tierra blanca. Trad. Marina Bornas Montaña. Barcelona: Alfaguara. 2017.

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