Hiromi Kawakami: una pluma intimista

Es común que como lectores hayamos tenido la experiencia de sumergirnos profundamente en una historia debido a su misterio, su suspenso o su desenlace inesperado. Lo que es más extraño es que el mismo fenómeno nos ocurra con historias que no cuentan con estos elementos, sino en los cuales la atracción nace de la sencillez del relato o de la familiaridad del ambiente. La escritura de Hiromi Kawakami es uno de estos casos, en donde una historia a primera vista sencilla y cotidiana termina siendo adictiva y conmovedora.


Hiromi Kawakami (1958, Tokio) forma parte de la generación más renombrada de escritores nipones contemporáneos y ha recibido múltiples premios (dentro de los cuales resalta el Premio Tanizaki y Akutagawa) y, si bien sus escritos son bastante conocidos, en Occidente sus libros han pasado en gran parte desapercibidos debido a nombres más conocidos como el Haruki Murakami o Banana Yoshimoto.


Es posible hacerse una idea sobre la literatura de Kawakami haciendo referencia a autores como Yoko Ogawa o Kyoichi Katayama, siendo una de las características principales de estos escritores abordar una historia centrándose en las emociones y el desarrollo de los personajes. Dicho esto, si bien son similares, no significa que leer a estos autores sea lo mismo que leer a Kawakami. Una de las principales diferencias que presenta la escritora es que sus relatos no resultan tan predecibles ni extensos, principalmente debido a que sus personajes poseen esa esperanza y esa fuerza para no rendirse ante lo que les acompleja, haciendo que en sus mundos literarios todo nos parezca posible.


Leer a Kawakami implica sumergirse en una lectura directa y espontánea, en donde no existen excesos verbales ni tramas laberínticas. A través de un lenguaje sencillo y de atmósferas que no podemos evitar que nos parezcan extrañas y familiares a la vez, la escritora nos sumerge en un mundo en donde las piezas más significativas las componen los personajes y sus sentimientos más íntimos, además de uno que otro objeto ordinario que ayuda a configurar esos espacios que tanto pueden atraernos como lectores.


No es solo que la autora construya estos personajes con los que podemos identificarnos, ni que conozcamos los detalles más íntimos de sus vidas y pensamientos, sino que se suma el hecho de que dichas historias suelen girar en torno a temáticas de carácter universal (el amor, la soledad, el deseo), las cuales nos ayudan a entablar un fuerte vínculo con ellos y con su mundo.


Buen ejemplo de todo esto son sus novelas Sensei no kaban (publicado como El cielo es azul, la tierra blanca en español) o Furudogu Nakano Shoten (El señor Nakano y las mujeres). La primera fue la publicación que catapultó a la escritora tanto en Oriente como en Occidente, mientras que la segunda es una de las últimas publicaciones traducidas al castellano.


En El cielo es azul, la tierra blanca se nos narra la historia de Tsukiko, una mujer que a sus treinta y ocho años ya ha tomado la decisión de abrazar la soledad y rendirse en el amor tras múltiples intentos fallidos, al menos hasta que se encuentra con un antiguo profesor en un bar, quien a sus casi setenta años también ha decidido tener una vida independiente y solitaria. De esta forma, ambos establecerán un fuerte vínculo afectivo, en el que el cariño y la admiración se entremezclarán con la soledad y las angustias de cada uno. A través de esa prosa sencilla y sensual, en donde lo que nos estremece es la sensibilidad y la delicadeza de la pluma de la autora, la narración evolucionará lentamente, abordando aquellas luchas inexorables y eternas del ser humano, como la de la vida y la muerte, la independencia y el amor, la soledad y la angustia.




En el caso de El señor Nakano y las mujeres, también se nos narra una historia de amor, en esta ocasión entre la narradora Hitomi y Takeo. Ambos trabajan en la tienda de objetos de segunda mano del señor Nakano, lugar que frecuenta también su hermana Masayo. La historia girará en torno a estos cuatro personajes, pero también tiene un importante protagonismo el espacio de la tienda y sus objetos, dicho entorno pareciera estar construido a la perfección para albergar las historias de aquellos clientes que entran o aquellos objetos que se intercambian y tanto lo primero como lo segundo son el vehículo perfecto para las historias y emociones que se nos narran. En otras palabras, no hay duda alguna que la historia que se nos cuenta es la de Hitomi, pero los objetos terminan adquiriendo un protagonismo igual de relevante o quizás mayor, desde fotografías eróticas hasta un cuenco que contiene una maldición, estos objetos impulsan y guían (de manera encubierta y desapercibida) la historia de la narradora.


A pesar de todo lo dicho hasta ahora, es importante saber también que disfrutar de las obras de Kawakami no es algo fácil para todos los lectores. Si bien la escritora impresiona por todo lo que hemos mencionado, la constante sensación de que la trama no se desarrolla lo suficiente o lo hace de manera lenta y sin sorpresas puede resultar molesta para algunas personas, quienes podrían terminar con una sensación de “nada ha pasado” al finalizar alguno de sus libros. Por otra parte, la temática del amor es abordada por la escritora en la mayoría de sus obras, cosa que podría no ser atractiva para cualquiera. A pesar de esto, y de manera personal, creo que el amor que se exhibe en las novelas de Kawakami es distinto al que estamos acostumbrados como lectores occidentales, siendo menos cursi y quizás más japones, diferencia que puede resultar atractiva incluso para los lectores que no suelen disfrutar del tema amoroso y romántico.




Por último, uno de los mayores logros de la escritora japonesa reside en que su manera de exhibir las relaciones interpersonales de sus personajes nos ayuda a tener la posibilidad de leer sobre una minúscula pero importante punta del iceberg de la vida íntima japonesa. Como bien pueden saber, una de las características principales del funcionamiento de las relaciones sociales japonesas es el hermetismo que existe en ellas, haciendo que ese elemento íntimo y privado sea mayoritariamente impenetrable para cualquier persona que no sea nativa o lleve al menos gran parte de su vida viviendo en Japón. La escritura de Kawakami nos aporta una posibilidad de conocer una ínfima parte de ese lugar más hermético a través de la lectura, ayudándonos a abandonar un poco esa preconcepción –no siempre sana– que tenemos algunos admiradores de la cultura japonesa sobre el país del sol naciente.

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