Atar, delimitar y significar: la cuerda como objeto simbólico en la sociedad japonesa
- Sebastián Barber

- 3 mar
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 10 horas
La relación de los seres humanos con las cuerdas, entendidas aquí como todo material flexible y fibroso que obtenemos de las plantas, supera cualquier interpretación que se pueda realizar sobre este vínculo. A primera vista, podría pensarse que una cuerda no posee mayor intención simbólica y que constituye una simple agrupación de filamentos. Difícilmente parecería capaz de adquirir un significado más allá de su función material. Ahora bien, esta lectura reduce la realidad a lo puramente objetivo: deja de lado los múltiples recorridos identitarios y simbólicos que los objetos pueden asumir en varias culturas, como la japonesa. En este sentido, resulta pertinente explorar cómo la cuerda ha sido valorada en la sociedad japonesa a través de distintos contextos históricos.
Si retrocedemos varios milenios, la comunidad prehistórica Jōmon (en japonés 縄文時代) parece haber experimentado la cuerda desde una dimensión distinta, integrándola de manera significativa en su vida material y cultural. Los Jōmon reciben su nombre por las marcas que dejaban en la cerámica, marcas que se hacían al presionar las cuerdas (Fig. 1 y 2). Estas impresiones, aunque son difíciles de interpretar sin los participantes activos, sugieren que las cuerdas o fibras eran lo bastante cotidianas y significativas. Es decir, las cuerdas en la sociedad Jōmon tenían un vínculo especial que pasaba por pescar, cazar, almacenamiento en cestas y expresarse en sus cerámicas.
Fig. 1. Representación de lo que podría ser el uso de las cuerdas para imprimirlas en la cerámica
Fig 2. Ejemplo de cerámica con impresiones de cuerda
Al adentrarnos en los períodos históricos de Japón, particularmente Asuka y Nara, se ha comenzado a observar el uso de la cuerda en costumbres o rituales del sintoísmo (Shintō). Un buen ejemplo de ello sería la shimenawa, una cuerda sagrada hecha a base de paja de arroz o de cáñamo, empleada con la finalidad de marcar, por una parte, lo sagrado (la representación moral e ideal) y, por otra parte, lo que es lo profano y lo impuro. También se la utilizaba para proteger el espacio de los kami, entidades del folclore japonés que evocan sentimientos y experiencias más allá del mundo humano.
En este sentido, la cuerda obtiene un interés especial que sobrepasa cualquier percepción objetiva; deja de ser un simple objeto utilitario para convertirse en un ente espiritual con la capacidad de proteger, e incluso crear, un lugar sagrado. Dicho de otra manera, hay un nexo muy particular entre lo humano y el objeto que va mucho más allá de su simple consideración material.

Nos alejamos de la dimensión espiritual y sagrada que puede adquirir la cuerda para adentrarnos en su uso como símbolo de autoridad y poder. Es aquí donde el objeto se convierte en una forma de comunicación. Esta función se manifiesta particularmente en el hojojutsu, un arte marcial japonés muy antiguo. En esta práctica se usa la cuerda para inmovilizar a los prisioneros o enemigos. En otros términos, la cuerda se transforma en un sistema de ordenamiento sobre el cuerpo humano, funcionando como una delimitación visible de jerarquía y control. Así, la cuerda puede interpretarse como un lenguaje de poder dentro del Japón feudal, como se observa en la imagen (Fig. 4).

Continuando en el plano social, encontramos nudos que no atan cuerpos, sino relaciones sociales desde una dimensión estética y comunicativa. Un ejemplo de ello es el mizuhiki, nudos decorativos de papel de arroz usualmente utilizados en regalos ceremoniales como bodas, cumpleaños, celebraciones o funerales.
Lo interesante es que, a diferencia de otras cuerdas, estos nudos son de menor tamaño. Sin embargo, siguen siendo una manera elocuente de representar la conexión, en este caso material, de los lazos que formamos como seres humanos. Su uso nos permite comprender cómo se construyen las relaciones dentro de nuestra especie, pues existe un significado especial en el acto de regalar o de confeccionar una envoltura especial para el presente. En este sentido, los nudos y las cuerdas se transforman en un sistema de signos y demostraciones.

En un plano más corpóreo, el kinbaku o shibari se presentan como prácticas expresivas de lo estético y lo sexual que la cuerda puede alcanzar en relación con el cuerpo humano. Se establece una conexión íntima entre lo material y las dimensiones del consentimiento, el vínculo y la exploración del cuerpo. Por lo tanto, la cuerda ya no ocupa un lugar meramente funcional, sino que opera como un lenguaje de poder y negociación dentro del vínculo. Aquí la cuerda se convierte en una extensión del deseo y de la voluntad consensuada, trascendiendo su condición puramente material.
A lo largo de la historia de Japón, la cuerda ha adquirido múltiples connotaciones. Está presente tanto en lo sagrado como en lo social y en lo corporal; sirve para marcar, unir, comunicar, delimitar y controlar. De esta manera, se configura como parte fundamental de la identidad cultural japonesa. Queda claro que solo mirar la cuerda como algo útil no es suficiente. Merece ser reconocida por sus expresiones diversas e incluso ajenas para una mirada externa occidental. Para comprender todos los significados implícitos que le ha dado la sociedad japonesa durante su historia, es necesario tener una perspectiva más amplia.
Referencias:
Habu, J. (2004). Ancient Jomon of Japan. Cambridge University Press. Ono, S. (1962). Shinto: The kami way. Charles E. Tuttle Company.
Zeng, S. (2018). Shimenawa: Weaving Traditions with Modernity – Interdisciplinary Research on the Cultural History of Japanese Sacred Rope. Middlebury.













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