La indomable naturaleza de la vida: Vidas frágiles, noches oscuras, de Hiromi Kawakami

Desde hace algunos años ocurre que, al hablar sobre literatura contemporánea japonesa, el nombre de la escritora Hiromi Kawakami (1958, Tokio) no se puede pasar por alto. Desde mediados de los noventa su carrera literaria no ha hecho más que despegar, demostrando en cada nuevo libro la destreza con la que domina los temas entre los que se mueve. Temas vueltos a revisitar una y otra vez en la historia de la literatura, pero que hace falta pericia para dominar: el amor y el desamor, con toda la amalgama de sentimientos que implican. La alegría, la tristeza. La intuición de que las vidas son tejidas por el azar.

En un texto publicado también en Japonistas Chile, escrito por Antonio Salas, pueden leerse algunas de las características generales del estilo de Kawakami, constatadas en dos de sus libros: El señor Nakano y las mujeres (2005) y El cielo azul, la tierra es blanca: Una historia de amor (2001). Este último, fue la novela que le hizo ganar el Premio Tanizaki (ya había ganado antes otros galardones importantes, como el Premio Akutagawa en 1996), y es, personalmente, una de las historias más hermosas que he leído en mi vida. Sin embargo, a continuación escribiré sobre otra de sus obras, muy bella también, pero terrible a la vez: la novela Vidas frágiles, noches oscuras (Yoru no koen, 2006), traducida por Marina Bornas Montaña y publicada por Editorial Acantilado en el año 2015, con un diseño de portada hermoso. Vale decir que esta editorial, junto a Alfaguara, es la que ha publicado los títulos de Kawakami en español, compartiendo ambas la publicación de varios de ellos.


La trama de Vidas frágiles, noches oscuras es fácil de resumir, y a primeras no suena muy atractiva: un conjunto de personajes de distintas personalidades, edades y modos de vivir (Lili, Yukio, Haruna, Akira, Satoru y Kenichiro, entre algunos más) conforman no ya un triángulo amoroso, sino un cuadrado o incluso una forma más extraña, menos definida en sus vértices y uniones, en la que se suceden mutuas infidelidades, traiciones, despechos e ilusiones poco esperanzadoras. Digo que parece una trama poco atractiva porque tanta casualidad, en un principio, parece falsa y poco probable (el que todos los personajes, dado un punto, se conecten de alguna forma entre sí), pero a medida que la historia avanza esta sensación desaparece para dar paso a lo que mejor sabe hacer la autora en su escritura: mostrarnos cómo los sentimientos destruyen a las personas, al mismo tiempo que ellas son lo que son por los vínculos que han conformado a través del tiempo. Son esos mismos sentimientos los que pueden llegar a darles felicidad.


Un punto atractivo de la historia es que a veces podemos sentir que la voz narradora nos está haciendo una broma. Así, en el inicio de la novela, cuando se da el primer encuentro entre una mujer de treinta y tantos, Lili, que gusta de dar paseos nocturnos por el parque y un chico veinteañero, Akira, que suele rebasar su caminata dando vueltas en su bicicleta, llegamos a creer que lo que se inicia es una bella historia de amor, en la que el mundo girará en torno a ambos, y que estaba destinada a suceder. No sabemos que ella está casada y ya no ama a su esposo, pero no es capaz de soltar la relación, aunque sí capaz de serle infiel, y que sus paseos nocturnos gatillan del hecho de que no desea volver a su casa. Tampoco sabemos que él no sabe muy bien a dónde dirigirse en la vida, y que recurre a rutinas de ejercicio constantes para mantener la mente enfocada y no desbocarse en su abismo interior, las que incluyen aquellas vueltas a veces frenéticas en bicicleta. Pero no se nos miente: fuera de cualquier circunstancia, un encuentro entre dos personas que se atraen, que saben que se atraen entre sí, les llenará de emociones gratas, y lo mismo proyectarán hacia el exterior. El daño que cargan en su interior y el daño que, con el tiempo, se harán, es otra cosa, inherente a toda relación humana.

En el otro polo tenemos a Yukio, el esposo de Lili, un hombre de treinta y seis años con gran voluntad, pero con una manera extraña de manejar las situaciones sentimentales (“lo que no se manifiesta, no existe”, parece ser su lema, siendo él mismo una persona poco expresiva consigo mismo y con los demás), y a Haruna, de treinta y cinco años, una mujer insegura, ávida de amores que no terminan por llenar el vacío que carga y que no sabe explicarse a sí misma. Haruna siempre ha deseado a Yukio, desde que Lili, su amiga desde hace años, se lo presenta como su prometido. Sin muchas dificultades, ese deseo se concreta.


Hablar de polos quizá es errado porque a poco andar de la novela sucede algo imprevisto, que indica que la historia no va a centrarse necesariamente en los enredos amorosos de los personajes y la forma en que actúan para no ser descubiertos (y por ello me permito algunas de estas revelaciones sobre la trama). Se descubren así como así: Lili y Akira se citan a comer pizza. En la mesa contigua se topan con Haruna, quien se presenta ante Akira y le pregunta por él a su amiga. Pero Lili no alcanza a responder antes que Yukio llegue a la mesa de Haruna, se siente y demore unos segundos más en advertir la presencia de su esposa y su joven acompañante.


No me referiré a las consecuencias de aquel encuentro, pero sí puedo decir que es el momento en que la narración se despliega, convirtiéndose en algo especial bajo la aguda mirada que Kawakami le da a la interioridad y los sentimientos de los personajes que construye. Si habláramos del ritmo de este libro, es sencillo, puesto que apenas en un par de páginas de narración tranquila comienzan a dispararse las acciones sin vuelta atrás, las revelaciones, las intrigas. Lo que sigue es la escena anteriormente mencionada (la cita a comer pizza), que condensa muchas emociones a la vez: funciona como una pausa entre lo que antecede y lo que sigue, pero una pausa cargada de gran tensión. Luego, todo comienza a ascender, a suceder cada vez más rápido, a complejizarse y llenarse de adrenalina por no saber qué camino tomará la trama. Todo ello manejado con gran maestría.


Los detalles que más me conmueven en el libro son aquellas pequeñas acciones que terminan por definir el carácter de las personas, sin que estas se den cuenta, y también en el cómo lidian con sensaciones que muchas veces les sobrepasan, como todo el mundo debe aprender a hacerlo a su manera. Un ejemplo de cómo se desarrollarán estas reflexiones se da casi al arrancar el libro, cuando se transparenta la reacción de Lili al darse cuenta de que ya no ama a su esposo: “Antes le parecía que su cuerpo y el de Yukio estaban hechos del mismo material, y que sus corazones latían a la misma temperatura. Sin embargo, Lili ya no quería a Yukio. Al darse cuenta, se había sentido contrariada. Ni triste, ni sola. Era un sentimiento más intenso, como un chasquido de lengua”. Y resulta cierto, pues muchas veces las emociones rebasan las palabras por las que intentamos explicárnoslas. Mientras más intensas, se vuelven más incognoscibles. Y el lenguaje se hace precario, se llena de trampas. Y así, muchas veces se deciden opciones como la de Lili en ese instante; volver los ojos hacia el exterior, quién sabe por cuánto. Acertar la manera correcta de afrontar lo que siente se vuelve demasiado abrumador.


A otros personajes de la novela no les va mucho mejor, tan solo porque la naturaleza de la vida y de los sentimientos es escapar al dominio humano, por más que se quiera lo contrario. Así Akira, que disfruta su aventura amorosa, la vive a intensidad, pero no sabe discernir cuánto daño le hace a la misma vez, y tarde aún más en lograr expresarlo. O Yukio, quien se convence de que si las cosas no se expresan, no están ahí. Pero a la más mínima verbalización, como cuando responde a una pregunta casual de Haruna diciendo que, últimamente, el trabajo ha sido agotador, siente que todo el sufrimiento del mundo invade su cabeza. Como si la palabra agotador fuera el botón que desbarata la esclusa en donde guarda cada una de sus cicatrices: el sentimiento de que las cosas no marchan bien con su esposa, la culpa por engañarla con su mejor amiga, la falta de un padre que le abandonó antes de nacer o el trauma de que su madre intentara invitarlo a suicidarse cuando aún era un niño.


Pero por supuesto, si todo se concentrara en los mundos interiores de los personajes aún haría falta algo. No sucede así: si algo también sabe hacer muy bien Kawakami, es levantar un espacio alrededor de ellos creíble, que entona con sus vidas, sus rutinas. Todos ellos sufren, pero también trabajan, deben asear sus hogares y actúan a veces imprevisiblemente, o al menos sienten que algo se les va de las manos. Como la ocasión en que Lili cocina para a su amiga Haruna, al tiempo que ella toma una siesta en el sofá. Mientras prepara balsamina salteada con pollo, se da un breve instante para masturbarse frente a la cocina, dándole vueltas al hecho de por qué había tenido que casarse con Yukio y excitándose con Akira a la misma vez. Luego, sigue cocinando. O Akira, un muchacho un poco misterioso, que trabaja entregando paquetes. Lleva una vida rutinaria, cumple con sus obligaciones, pero dado un momento de la narración nos enteramos de su gusto por imaginar cómo somete y luego viola a las mujeres a las cuales les entrega estos paquetes. Solo siente complacencia al imaginar, pues sabe que jamás dará paso a aquellas fantasías, lo que le vuelve, a sus propios ojos, una mejor persona. Hasta el día en que siente que quizás se miente, quizás no siempre podría llegar a refrenar sus fantasías. Otras situaciones se dan, unas escabrosas como las fantasías de Akira, otras solo curiosas o inesperadas como la masturbación de Lili. Borracheras, diálogos enfermizos, intentos de asesinato e incomprensión. Mucha incomprensión.


Me gustaría concluir este texto comentando un giro inesperado de la novela (que no dilucidaré detalladamente), o que quizás no fue inesperado y solo en un principio no supe ver. Y ese detalle es la importancia de la amistad entre mujeres. Dada la “falta de respeto” que supone la infidelidad, podríamos pensar que la amistad entre Lili y Haruna (las verdaderas protagonistas, a mi entender) será, de ahora en adelante, imposible. Pero las cosas se tornan más confusas cuando pensamos que quizá Lili deseaba esa traición porque intuía lo que su amiga sentía por su esposo. Y ante eso, el amor que siente por ella parece ser más fuerte, aunque sea un amor detenido en el tiempo, por así decirlo: el amor por la amistad del tiempo en que ambas eran estudiantes. Un tiempo más candoroso. Así, la historia da una atención conmovedora a las tierras perdidas de la infancia en el corazón de sus personajes, a las que estos vuelven, quiéranlo o no. No se trata ya del hecho de que fueran infancias y juventudes alegres o tristes, sino de la constatación de que eran tiempos en que era difícil entender las cosas, y quizá innecesario. Los años despiertan la conciencia, que luego lleva a una falsa comprensión del mundo. La desesperación que produce va en el hecho de que sigue siendo tan caótico como al principio.

“«¿Qué estoy haciendo aquí?». Nada ni nadie le respondió”, narra una línea casi al final del libro respecto de Haruna. “Ya nada puede entristecerme. Soy incapaz de estar triste, y ni siquiera eso me entristece”, se dice en otro pasaje cerca del final Lili. Lo que prevalece frente a todo es la barrera entre lo que sentimos, lo que deseamos sentir y lo que podemos llegar a entender y explicar de todo ello, parece decir la autora alrededor de esta magnífica y desoladora novela.


Hiromi Kawakami ha publicado varias novelas y algunos libros de cuentos, la mayoría obras de gran éxito. En los últimos años se ha traducido asiduamente al español. El último de sus libros, publicado este año en este idioma, es De pronto oigo la voz del agua, editado por Alfaguara. María Bornas Montaña, su traductora en esta edición de Vidas frágiles, noches oscuras, se especializa en traducciones desde el alemán y el japonés desde varios formatos (series de animación, cómic, cine y literatura), y ha traducido Amores imperfectos (2006, relatos) y Manazuru. Una historia de amor (2006, novela) de la misma autora, también publicados en Editorial Acantilado.


Hace poco (el primero de abril) se publicó en Japonistas Chile la efeméride de Hiromi Kawakami, donde se puede leer información sobre su carrera, sus obras y breves fragmentos de las mismas.


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